Una buena comunicación, el corazón de toda comunidad

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Llegar a tu casa y, a pesar de ser tú casa, sentirte como un extraño es síntoma de que existe un problema.

Los tiempos actuales nos impusieron un ritmo de vida acelerado y frenético donde cada persona es un elemento más de la sociedad. Fuimos despojados de toda clase de personalidad para integrar un todo sin considerar al otro.

Este cambio en nuestro estilo de vida se trasladó a cada comunidad. Así, fuimos abandonando el concepto de vivir en un hogar para habitar un espacio parte de un todo despersonalizado. La confianza, como valor primordial de las comunidades, fue la primera víctima. Dejamos de interesarnos por el otro para encerrarnos cada vez más en uno mismo. De acuerdo a los últimos estudios realizados por el Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES) y la Encuesta Bicentenario, el 60% de las personas conoce solamente el nombre de 4 vecinos y el 80% de estos no confían en ellos.

Sin embargo, al brindar una herramienta para colaborar en el desarrollo pleno de la comunidad, nos dimos cuenta que la confianza y la comunicación entre los vecinos comenzaba a resurgir. “Nos hemos acercado mucho más entre los vecinos, y se ha generado un ambiente mucho más grato en el edificio”, nos comenta Paulina Bentjerodt (vecina de Las Condes).

Comunicar es conocer

Al facilitar la comunicación entre las personas, los lazos intercomunitarios comienzan a reconstituirse junto con el interés por el otro. “Distrito SH me ha permitido conocer personas muy diversas y hacer nuevas amistades. Me brindó la posibilidad de conocer a mis vecinos y poder comunicarme de forma más directa con ellos y compartir tanto actividades y buenos momentos, como también los problemas de la comunidad. De lo encuentros pueden surgir muchas posibilidades, desde poder dar solución de problemas domésticos, conseguir buenos datos de dónde conseguir algo que necesitas, hasta hacer buenas amistades”, destaca Paulina.  

Una colaboración espontánea

Una vez restaurado el interés por el otro, la vida comunitaria comienza a resurgir casi inconscientemente. Dejamos de sentirnos ajenos en nuestro propio hogar para saber que hay alguien más en el que puedo confiar. Se refuerzan los lazos interpersonales, mejorando la percepción que uno tiene de su comunidad.

“Pasé de vivir en un edificio a vivir en una comunidad. Me siento más en “casa”, más en “familia”. Ya no es vivir en un lugar frío e impersonal. Ahora me parece que el lugar donde vivo es más acogedor y más divertido, y eso tiene un valor enorme. También, pasé a sentirme más involucrada con las personas y con lo que ocurre en nuestra comunidad. Además, cambió mi percepción de mis vecinos, porque ahora a muchos de ellos los considero amigos, ya no sólo simples vecinos”, confiesa Bentjerodt.  

En definitiva, al mejorar la percepción que cada vecino tiene de su comunidad, se genera un círculo virtuoso donde cada miembro colabora espontáneamente para  fomentar una vida comunitaria plena.

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